Choose a language:

domingo, 5 de octubre de 2014

Sínodo de la Familia Mode On.


Acaba de iniciar Sínodo extraordinario episcopal sobre la familia que se desarrollará en Roma hasta el 19 de este mes. Tuvo mucha repercusión mediática y "encontrones" teológicos.
Hay temas que se deben afinar aún más conforme al Evangelio, especialmente aquellos temas que se consideran polémicos y otros que no se sabe como abordar temas tales como las uniones LGTB, comunión sacramental a los divorciados, convivencia y unión libre, relaciones sexuales prematrimoniales, matrimonios interreligiosos (aún existiendo dispensa para la celebración del sacramento en esa situación), pérdida de la fe en los sacramentos del matrimonio y la reconciliación (confesión), vientres de alquiler, etc.
Lamentablemente sobre esto hay quienes aún se definen con las ideas de "progres" versus "tradis" como si aquello fuese la "izquierda" y la "derecha" respectivas, cayendo más en política canónica que en el trabajo pastoral, como hay quien acusó al Papa de ser de izquierdas. Yo, personalmente, no creo que sea de izquierdas, y no apoyo la postura del Cardenal Kasper sobre la comunión a los divorciados y apoyo la contraargumentación del Cardenal Gerhard Luwdig Muller (el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), el Cardenal Velasio de Paolis (quien acompaña a los Legionarios de Cristo en su purificación tras los malos pasos de su fundador) y otros 3 cardenales.
Algunos no ven con buenos ojos este sínodo (como otros no vieron positivamente el Concilio en tiempos de Juan XXIII) y tengo mi opinión sobre cada tema y mi fundamento (sin importar si molesta a alguien o no) pero ello no me preocupa. Mi preocupación radica en que este sínodo en el que los argumentos, las pasiones, las declaraciones, las presiones y más, algunos irán en son de batalla como si aquello fueran las Cruzadas en el que las espadas dialécticas esperan ser desenvainadas, y los "caballeros prelados" no querrán someterse y comenzar su camino "extra Ecclesiam" (ejemplos no hace falta dar).
Lo más probable es que algunos se extravíen o se moverán o cambiarán algunas piezas de esta gran maquinaria, pero confío en que estos cambios serán necesarios. Y diga lo que se diga en el próximo documento conclusivo al finalizar el Sínodo, Francisco es Pedro por lo que en él reside en este momento la seguridad y conservación de la fe. Mi seguridad está en Dios y en el Vicario de Cristo.

domingo, 11 de mayo de 2014

Pasión de una joven madre según Bowlby y Francisco


Desde un domingo, mientras terminaba un compromiso pastoral que había comenzado el sábado en la mañana, no sospechaba que mi amiga iba a ser internada esa misma noche. Ni siquiera fui a la misa vespertina. La saludé antes que fuera internada y la bendije. Al día siguiente ella daba a luz a su hijita, sin rastro alguno de parto, y sonriente como si nada. Después de ese día, la vi dándole de comer a la bebecita y me produjo toda clase de sentimientos, sin imaginarme que al mes después, vería la misma acción en el bautizo de su hija.
Una de mis reacciones fue recordar la escena entre Beatrix y Karen Kim cuando se apuntaban mutuamente con armas de fuego en "Kill Bill Vol. 2", justo cuando Beatrix acababa de enterarse de su embarazo. Automáticamente en mí surgió el paralelo entre Beatrix y mi amiga con un parlamento de la película: que la mujer más brava y más fiera, se acaba de convertir en la mujer más vulnerable al convertirse en madre.
El acto de amamantar es algo que hemos visto en la locomoción colectiva, en el asiento de un parque, en la plaza, en todos lados. Constituye un acto normal. He sido testigo de un hermoso diálogo entre madre e hija, un vínculo que comenzó a darse con ella ya fuera del vientre materno. Y como cualquier ser humano, también lo he vivido cuando fui bebé.
Hace algún tiempo atrás, tristemente en nuestro país se le pidió a una madre que no le diera de comer a su bebé por considerarlo "inmoral", por lo que desató miles de voces apoyando a la madre, incluso de una iniciativa llamada "tetada" donde muchas madres daban de amamantar a sus hijos en la calle. Y no sé cual es la maldad de esto, creo que al asociar un seno desnudo lo asocian a morbosidad. ¿Qué tiene de raro o pecaminoso? Nada, todas las mujeres lo tienen, con diversos tamaños y formas, pero todos ellos con la misma función: nutrir a los hijos. En ello no hay nada malo, salvo si te pasas mirándolos todo el día o teniéndolo como pensamiento monotemático.
Papa Francisco también animaba a amamantar en público, incluso en los templos. Recuerdo ver en video un pedazo de una de sus audiencias papales de los miércoles, un momento en que él se acercó a una mamá con su hijo de poquitos meses que no paraba de llorar y ella lo acariciaba, él le decía "señora, creo que su hijo tiene hambre", ella le decía que al parecer era su hora de comer, por lo que él le insistió a que lo hiciera, por lo que no tenía que avergonzarse de amamantar en público. En el común de la gente, se cree erróneamente que amamantar en la Iglesia es provocación o impudicia, pues este gesto dice todo lo contrario. Ha tenido también un gesto similar en un bautizo de varios bebés en la Capilla Sixtina, instando a las mamás a que no duden en amamantar a sus hijos si tienen hambre, porque ellos son importantes.
Según John Bowlby, psicólogo y formulador de la teoría del apego, a través de la lactancia se establece un fuerte vínculo entre la madre y el hijo, puesto que el último tiende a buscar la cercanía y se siente protegido con su presencia, por lo que su equilibrio emocional se mantiene. Es por esa razón que los bebés lloran cuando sus madres no están cerca de ellos y se calman cuando ellas los abrazan y les hablan. Ya eso nos dice que biológicamente fuimos creados para estar con nuestros padres no para que ellos calmen nuestras necesidades, sino porque al ser seres humanos somos seres sociales. Pero al no haber lactancia o si la calidad del apego es insuficiente, no solo causa depresión sino rasgos hostiles o la incapacidad de socializar con otros y establecer relaciones interpersonales (de ellos hay muchos casos, incluso de niños criados por animales). Al mencionar apego se entiende como el vínculo emocional del bebé con sus padres y proporcionando su seguridad para un buen desarrollo de la personalidad, y que dependiendo del estado (temor, ansiedad o seguridad) se determina por la disponibilidad de la figura significativa (la madre en la mayoría de los casos). Esta seguridad significa la aceptación y protección incansables, proximidad materno como piedra angular de seguridad y continuación de la especie (en términos evolucionistas).
Insisto ¿Por qué prohibir un acto tan natural y propio de nuestra humanidad? ¿Acaso temen a la vida naciente hecha ternura? ¿Por qué ocultar algo hermoso? ¿Acaso es tan malo una comunicación entre madre y bebé?
Por esa razón, un saludo en el Día de la Madre a todas las madres (especialmente a la mía y a mi mejor amiga, que vive su primer día de la madre), mayores o jóvenes, acompañadas o solas, pero que viven dando la vida por sus hijos. Tan importantes son en la vida de cada uno de nosotros, que el mismo Dios también quiso tener una.
¡Feliz día de la madre!

jueves, 20 de marzo de 2014

Manifiesto contra el "mechoneo" o "bullying socialmente aceptable".


Regla de Oro: "Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti".
 
En estos inicios de clase, es común en las universidad recibir a los nuevos alumnos que ingresos, aunque algunas de estas "bienvenidas" no son tal, sino más bien, una denigración de la dignidad de la persona humana "socialmente aceptable", so pretexto de "respetar las tradiciones", algo que nunca me ha gustado. Las otras bienvenidas consisten en alianzas y competencias entre los compañeros de la universidad. Y otras, se juntan en torno a un asado y compartir en fraternidad. Y a lo primero, lo llaman diversión.
De partida, no encuentro nada de divertido que te corten la ropa a tijeretazos, que te rayen el cuerpo, que te rapen mal (de peluqueros se mueren de hambre), y que te dejen tan apestoso/a que hasta da ganas de vomitar al situarte al lado de esa persona, obligándote a pedir limosna en la calle, dinero que no será para tí sino para que los que lo denigraron beban hasta caer muertos. Con la cantidad de alumnos que ingresan y la cantidad de dinero que recolectan ¿De verdad se hace para una fiesta? Ni siquiera las discotecas cobran para las fiestas de bienvenida a los "Mechones", solo para beber. Dinero desperdiciado y mal aprovechado. Aunque bajo esa condición, con dinero te devuelven tus pertenencias que los sinvergüenzas se apropiaron (tu mochila o bolso, tu celular, tus documentos, etc.).
Pienso que si los que organizan estas "bienvenidas". ¿Les gustaría que ellos se desquitaran haciéndoles lo mismo a ustedes? ¿Que reciban este "juego" por segunda vez? Si no tienen dinero, entonces trabajen para ganarse el alcohol de cada día (pan no, gastan más para beber que para comer); y si no tienen dinero, entonces pídanles a sus padres (y si por abc motivos les hace imposible, intenten con la primera opción); y si no pueden con las anteriores, no les quedará otra que "venderse en la calle". A los viciosos no hay que fomentarles el vicio, nunca.
Seguro me dirán que esto es "tradición universitaria", me dirán que soy un "huevón grave" y otras tantas groserías más, pero es que no se puede llamar diversión a eso. Si unos la pasan bien y otros la pasan mal (o disfrutan forzadamente porque se exponen al ridículo), eso es abuso. ¿O acaso hay lucha de poderes entre alumnos, una cosa así como "cuidadito con quienes te vas a meter, porque te irá muy mal"? ¿Un lindo recuerdo para no olvidar jamás? No, un horrible trauma que querrán olvidar. ¿O acaso se harán responsables por las prendan que arruinaron? Deberían pagar los daños y no que los alumnos paguen por daños que no hicieron, sumando a eso además la mensualidad que no es baja que digamos, lo cual es de muy mal gusto (además de pasaje, arriendo, materiales, fotocopiadora, libros, colación, etc.).
¿O qué? ¿Esperan a que suceda alguna tragedia para que comprendan realmente esto y corten con la tonterita? Más que regaños, necesitan ser orientados y escuchados. Más de alguno necesitan ayuda, puesto que a simple vista se nota que muchos "líderes" del "mechoneo" tienen carencias de cualquier tipo. Esto, quieran entenderlo o no, es una forma de bullying.
Hasta donde sé, el que no quiere someterse a la humillación y de manera firme, sin ser dubitativo, no pasa por ello. Antes, los que no querían los arrinconaban entre varios y lo inmovilizaban, o bien, los mayores se desquitaban contra ellos lanzándoles sustancias o sometiéndolos a la "ley del hielo" o la exclusión.
No apoyo la violencia bajo ninguna forma, pero si apoyo el derecho a la legítima defensa (ojala con la misma o menor fuerza o usando otra estrategia, pero no desquitarse horriblemente). La historia dió un claro ejemplo: Japón atacó a EEUU con el bombardeo a Pearl Harbor, y EEUU no respondió de la misma manera, sino con la bomba atómica, con consecuencia nefastas. Y eso ya no es legítima defensa, sino otro ataque.
De cualquier manera, a los que se rehúsan al mechoneo (si te rehúsas, no mechonees a la próxima generación), pueden hacer varias cosas:
- Procuren hacer amistad y/o conocer a los compañeros de cursos mayores, y sacarles información, sin ser muy evidente sino guardando discreción. Y esa información la puedes usar a tu favor. Si la usarás en contra, ten cuidado.
- Si vienes de otras universidad pública, rehúsate porque en la otra casa de estudios ya te mechonearon. O si no quieres, úsala como excusa pero creando tu propia historia, adornándola a tu gusto.
- Finge que tienes hora con el médico (si tienes como comprobarlo, tanto mejor).
- Puedes alegar que sufres de alguna enfermedad (epilepsia, alergia, asma o problemas al corazón). Si puedes fingir una crisis de ello, tanto mejor.
- Siempre, siéntate al lado de la puerta.
- Si practicas artes marciales, procura convencer que no quieres y dales tus motivos. Y si aún así no aceptan, estás en tu derecho de usar alguna llave o aplicar alguna técnica.
- Aunque te odien por eso, procura "hacer amistad" con el jefe de carrera o de alguien de la directiva de la universidad. Y en caso que corras peligro, ya sabes a quien acudir. Si tienes contactos en la universidad, no dudes en usarlos.
- Caracterízate formalmente, y así creerán que eres académico, pero nunca mostrar el menor índice de temor o si no, adiós mundo cruel.
- Puedes llevar "proyectiles" o algo para defenderte: gas pimienta, electroshock (si es que lo hagas, deberás hacerte responsable), una honda, etc.
- Sobre el punto anterior, no te recomiendo una pistola de balines que venden en las ferias o comercio ambulante. Es cierto que en las públicas no revisan las mochilas y los bolsos, pero no querrás meterte en problemas ¿Verdad? Si no me haces caso, atente a las consecuencias.
- Si eres un experto en defenderte con un escobillón como el Chavo del Ocho, no dudes en usarlo.
- Y si no te gusta atacar pero eres buen deportista y prefieres huir, corre con todas tus fuerzas (te recomendamos haber explorado la universidad con anterioridad para saber donde escapar). Y si sabes trepar rejas y muros (incluso árboles), mucho mejor.
- Escoge la que quieras o las que quieras, pero aplícalas si es que la amenaza de mechoneo es real y lo harán contra tu voluntad. Si no te pondrán la mano encima, no debes preocuparte, y "aborta la misión".
No lo olvides: nadie te puede obligar a hacer algo que tu no quieres, no hay que ir siempre "a la pinta" de otros tipos, no pierdes nada de eso. Total, se va a la universidad a estudiar y no a hacer amigos con cualquiera (nunca te faltarán amistades o pareja).
No des en el gusto a las cosas que no te gusten. La denigración nunca es divertida. Si vas a disfrutar, que disfruten todos, no algunos. Eso de algunos, es propio de las mafias, pero no de compañeros de curso.

Gracias Panchito


Un pequeño saludo de agradecimiento que he escrito la semana pasada al cumplirse un año de su elección papal y su posterior "Habemus Papam" que sacudió al mundo entero, increíblemente inesperado. Tuvo muchos detalles con quienes se han topado en su camino, que son gestos para la humanidad. Muchas de sus palabras nunca creí escucharlas un día, palabras dirigidas a cada uno, palabras dulces y sencillas, palabras que remecen y denuncian. Desafíos que ponen "a toda máquina" nuestros corazones necesitados de reforma y de amor. Su primera exhortación apostólica, la "Evangelii Gaudium", ha sido un bálsamo para el alma y el corazón, a nivel personal y eclesial. En ella, se explaya con todo su pensamiento y su "Plan de Gobierno" para la Iglesia de Cristo. Y al final, pareciera que sus palabras dirigidas al CELAM tras la finalización de la JMJ Río 2013, constituyeran un resumen del futuro texto. Por estos cambios y nuevas lecciones, muchas gracias Santo Padre.
 
Gracias por:
- Renunciar al descanso que tenías preparado para después de retirarte.
- Recordarnos que el Señor nunca se cansa de perdonarnos.
- Decirnos que no debemos temer a la fragilidad, la bondad, y la ternura.
- Invitar a acoger a los inmigrantes, los enfermos y las personas con capacidades diferentes.
- Revalorizar a la mujer, especialmente a las madres solteras.
- Valorar la familia y la dignidad de la vida.
- No juzgar a las personas.
- Telefonear a la gente porque no puedes salir del Vaticano y darte el tiempo de leer cartas (y eso que tienes más cartas que Santa Claus).
- Denunciar la cultura del descarte.
- Confiar en nosotros, los jóvenes.
- Hacer "limpieza" en la Santa Madre Iglesia.
- Enseñarnos el verdadero significado de la reforma.
- Darnos el suficiente valor para armar lío y salir a la calle.
- Compartir con nosotros el gozo del Evangelio.
- Ir siempre a la raíz del Evangelio.
- Batallar contra la burocracia y la lucha de poderes.
- Quitarnos las vendas de los ojos para mirar las periferias.
- Hablarnos en el idioma del corazón.
- Tu sensibilidad especial en el diálogo interreligioso.
- Luchar por la paz con la oración.
- Pedirnos ayuda al inicio del pontificado.
- No dejarte cegar por las portadas de periódicos, revistas, halagos superficiales y flashes fotográficos.
- Tus gestos y detalles que nos emocionaron.
- Impregnarnos con la unción del "olor a oveja".
- No olvidarte de los pobres.
- No excluir a las personas de buena voluntad.
- Tus muestras de cariño a los niños y a los bebés.
- Prohibir el culto a la personalidad.
- Emocionarnos con tus lágrimas cuando se te acercó un niño a abrazarte para decirte que él quería ser sacerdote.
- Aceptar los mates que te ofrecían tus compatriotas.
- Vivir como uno más de nosotros.
- Dar un lugar importante a los laicos, especialmente a los enamorados que están llamados al matrimonio porque no le tienen miedo al amor.
- Huir de la soledad para vivir la tan preciada teología del encuentro.
- Llamarnos la atención porque hemos olvidado llorar.
- Reírte y bromear con nosotros.
- No olvidarte de tus amigos y seres queridos.
- No perder el contacto con Benedicto XVI.
- No "canonizar" a las personas amadas, porque no hay esposo ni esposa perfecta (sin mencionar siquiera a la suegra perfecta).
- Darme el valor que necesitaba para vivir sin miedo a equivocarme.
- Ayudarme a aceptar la vida con lo que venga, sea bueno o malo.
- Tomar el nombre de Francisco, porque contigo vamos reparando la Iglesia.
- Aceptar nuevamente el llamado de Dios para una tarea importante.
- Ser tú mismo.
¡Gracias por este primer año de pontificado!
¡Gracias por tu sacerdocio, Papa Francisco!

Un año de ternura con Francisco y José.

 
Ayer, 19 de marzo, fue el primer aniversario del día en que Papa Francisco iniciaba solemnemente su pontificado con la misa de inauguración, en el día de San José. Allí, se le impuso el palio y el Anillo de Pescador, elementos propios del pontificado.
Esa vez, seguí la misa online, y he caído en la cuenta al mencionar sobre la importancia de la responsabilidad que conlleva el poder y el verdadero sentido de este, que es el servicio. Y junto con e
so, la custodia de la creación. Creación que no es producto de nuestro consumo, sino que el ser humano, al ser superior al resto de la creación, éste debe hacerse responsable, procurando respeto, y no ser mero consumidor.
Pero de todo ello, me quedó muy grabada una frase que está enmarcada en mi corazón y que frecuentemente la digo: "No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura".
Esa frase es la que más me gusta, porque son muchos los que se resisten a ellas (bondad y ternura), ya sea por miedo, por rechazo debido a la concepción de una imagen errada o por mero resentimiento. No solo se resisten a Francisco algunos clérigos -lo que me parece increíble y absurdo- sino también por los contestatarios e "inconformes de siempre", acusando una falsa imagen de humildad, sino también a los que resisten al amor de Dios, amor que no sabe de límites sino de gratuidad, pero que no se deja ver por la soberbia, lo que hace creer erradamente que no existe.
Aún queda por hacer, y aún queda ternura por derramar a muchos y muchas. No solo a las personas de buena voluntad, sino también a los que no tienen voluntad de construir un mundo justo.
El desafío está hecho.

martes, 11 de febrero de 2014

La vez que comencé la semana despertando con un cubetazo de agua fría.


Recuerdo que hace un año, comencé la semana pero no de la mejor manera. Era un lunes muy temprano, en que mamá y mi hermana desayunaban y les escuché comentar aquello. No quise preguntarles, así que abrí mi netbook y revisar Facebook, y encuentro un inbox en que una profesora amiga me pregunta sobre la renuncia de Benedicto XVI. Aquello me heló y me quemó la columna al mismo tiempo, y no paraba de negar, diciéndome que no era cierto. Pero leí Facebook y efectivamente, no estaba soñando. Lloré hasta el 28 de febrero, al retirarse a Castelgandolfo para la Sede Vacante. Lloré sin consuelo pero en silencio, como su secretario personal Mons. Georg Ganswein.
Al leer "Ya no tengo fuerzas... en no menor grado sufriendo y rezando... vigor que en los últimos meses ha disminuido en mí... he de reconocer mi incapacidad... con plena libertad, renuncio", confirmó efectivamente su actuar. Lloré, me dolió mucho, pensé que lo habían dejado solo. Luego pensé que ya tenía considerada esa opción tras una entrevista concedida hace algún tiempo atrás. Recordé enseguida aquel momento en que entregó su palio (el mismo con el que fue entronizado como Pontífice de la Santa Madre Iglesia después de su lección) ante los restos de San Celestino V, un papa que después de 5 meses, decidió renunciar y retirarse nuevamente a su vida monástica.
Al menos, siempre sostuve que él no es ambicioso ni "creído", y esa entrega del Ministerio Petrino confirmó que estaba en lo correcto. No cualquiera entrega el poder conferido cuando se aferra demasiado a él, pero Benedicto asombró a todo el mundo, y le aplaudo por eso. Lo he admirado, y ahora le admiro mucho más.
Obviamente no faltarían los irrespetuosos, insolentes, trolls y todos aquellos que no tienen la menor sensibilidad por la libertad religiosa con sus burlas, pero también les encomendé en mi oración, y lo sigo haciéndolo.
La vocación, el llamado, requiere una respuesta, y él accedió. Volvió a ser llamado, y lo hizo. Y así, ascendiendo hasta calzarse las Sandalias del Pescador. Y cargar con una pesada cruz, llena de escándalos de clérigos, ventilación de documentos privados, burlas, escarnio, persecución religiosa y un largo etcétera, Él le llamó nuevamente. Correspondió a ese llamado, y sin miedo alguno de lo que Él le pidió, aceptó, y meses después hizo anuncio de su renuncia sin anestesia alguna. En calma.
Antes, hubo incomprensión, tristeza, lágrimas, duda. Ahora, serenidad, calma, con la sensación de haber visto el mejor de los ejemplos de humildad.
Gracias por todo, Papa Emérito Benedicto XVI. No te hemos olvidado, todavía te queremos mucho.
Seguimos orando por ti.

jueves, 23 de enero de 2014

Ardiente e infinita paciencia

 
Un texto llamado "Torres Góticas", escrito por el Padre Fortea, trata sobre una Iglesia alterna en el futuro, totalmente diferente tal como la conocemos, con un suceso que perfectamente hubiera sucedido. Esta vez, compartiré un fragmento lleno de humor, que en el fondo esconde una gran lección.
A más de alguno, le falta la paciencia y recurre a la agresividad, o bien, toma el sarcasmo para que la otra se retuerza de rabia. Yo optaría por la segunda opción, que es más humorística y alternativa, pero lo malo es que también es un tipo de agresividad. Agresividad encubierta pero agresividad. Mejor no digan nada si la elegí, también soy persona como cualquier otro, por lo que soy frágil y no estoy exento de culpa.
No es nada fácil, pero cuando uno cae en faltar a la caridad, que no significa asistencialismo sino amor al otro, a veces cuesta mucho enmendarse o arrepentirse, ya sea porque me ofendió o porque él empezó primero. En cosas como esta, nunca importará quien empezó primero.
También cuesta mucho al hacerse un examen de conciencia, tener un pensamiento de bendición o de "desearle el bien" a quien te ofendió. ¿Quién te dijo que ser cristiano sería fácil?
 
 
<<El cardenal se llevó los dedos al entrecejo y cerró los ojos. Estaba cansado. La construcción eclesiológica que se estaba fraguando en el Concilio, encauzaría los esquemas eclesiales durante, al menos, una generación. Pero aunque los pensamientos del cardenal eran muy profundos, la mujer que estaba en el asiento de su izquierda, le interrumpía de vez en cuando. Se ve que la señora de unos cuarenta años y cara amargada estaba aburrida y tenía ganas de conversar.
La mujer sentada a su lado sólo sabía de Henry que era cardenal, él mismo se lo había dicho cuando ella le había preguntado si era un cura, y después le habia seguido interrogando acerca de su profesión. Pero aquella mujer de labios hinchados por el botox, se hallaba muy lejos de poder entender los pensamientos del prelado sentado a su lado. Y no sólo ella no comprendía, sino que además era una nueva rica sabionda que quería enseñarle a él cómo dirigir la Iglesia. "Así que cardenal, ¿eh?". La mujer cuarentona de cara esquelética y prematuramente arrugada, se pasó todo el rato dándole consejos acerca de cómo hacer su trabajo cardenalicio. Al final, Henry se había puesto a leer un libro para no tener que oírla. Pero ahora, durante la comida, le resultaba imposible leer y comer. Así que, como un acto de penitencia casi cuaresmal, se aprestó a escucharla con la mayor paciencia que pudo. En un momento de la conversación, ella, molesta por el último comentario de aquel clérigo que le parecía un engreído, se atrevió incluso a decirle con refinada malignidad:
- Y no espere, padre, que de aquí en delante dé la más mínima limosna a la Iglesia.
- Me sorprende. ¿Puedo preguntar por qué?
- Vamos, padre. Voy a dar yo una limosna, para que usted después viaje en primera clase. ¡Por favor!
- Mire, si usted supiera la cantidad de veces al año que tengo que atravesar el Atlántico, comprendería que, aun viajando en este asiento más ancho, esto supone un esfuerzo agotador. Un tormento para mi columna y para la circulación de mis piernas. Este año he atravesado el Atlántico ocho veces. Dieciseis veces con las idas y vueltas. Y una vez a Asia.
- No, si encima tienen excusa para todo. Ya lo sabía.
- Cualquier empresa de tamaño medio tendría compasión de uno de sus trabajadores, e intentaría, al menos, hacerle los viajes un poco más cómodos. Por eso y sólo por eso, estoy sentado aquí. Se lo aseguro con todo mi corazón.
- Ya, ya. Me gustaría saber cuánto gana.
- Mire, mi sueldo no es ningún secreto. Gano el doble de lo que gana el portero que vigila la entrada de la conserjería del edificio donde trabajo. Y menos del doble que cualquier jardinero del Vaticano.
- ¿Y le parece poco?- Para mí es más que suficiente. Pero en cualquier multinacional, alguien que hace mi trabajo, con mi preparación y antiguedad, gana en un mes mi salario de noventa meses. Y eso como mínimo. Se lo digo porque lo sé, no es que lo imagine.
- Noventa meses. ¿Acaso ha hecho usted la cuenta?
- Sí, he hecho la cuenta.
- Va usted en primera, se pega la vida padre y encima voy a tener que darle las gracias. Pero qué cara tienen ustedes. Además, ¿por qué le estoy tratando de usted? Que sepas que se te va a acabar el vivir del cuento pronto.
El cardenal escuchó aquello sin pestañear. Ya había acabado su postre. Bebió un poco de vino tinto de su copa. Se secó los labios con la servilleta y le dijo en voz baja, muy baja:
- Escucha, vieja bruja, tienes suerte de que estemos en un avión. Si no, yo mismo te desplumaría aquí como a una gallina. Me encantaría agarrarte por el pescuezo y ver cómo cacareas.
Dicho lo cual, tomó el libro que había estado leyendo, se levantó y se fue a un asiento libre situado dos filas más atrás.
Al aterrizar, el cardenal, como siempre, no hizo cola ante las casetas de la policia de aduanas. Se metió directamente al control de pasaportes diplomáticos. No pudo evitar mirar hacia atrás. Allí estaba la señora de los labios hinchados, esperando en una larga cola a que su pasaporte fuera revisado. Le quedaban, por lo menos, quince minutos de espera. Al cardenal le dieron ganas de hacerle, desde allí, una peineta, o, al menos, alguna variante de gesto más elegante pero grosero de similar significado. Pero se limitó a sonreirle a lo lejos. Aunque, discretamente, sostuvo su pasaporte diplomático un poco más alto y más tiempo del necesario, para que ella lo viera aquella arpía y se reconcomiera por dentro todavía un poco más.
En la zona de recepción de viajeros, le esperaba el nuncio con dos monseñores. Sin perder tiempo, se dirigieron al coche. Desde las ventanillas se veía fuera todo blanco. Estaba cayendo una fuerte nevada. El limpiaparabrisas barría con energía los copos, que como insistentes plumones se posaban en el cristal. Henry se reclinó sobre el asiento y trató de descansar. Tenía que descansar. Dentro de dos días llegaría el Papa al Concilio. Debía cumplir muchos encargos, antes de que Su Santidad pusiera su pie en la sala de la asamblea conciliar. Lo cierto es que se encontraba muy cansado, tremendamente cansado. En ese momento, se hubiera metido en la cama a dormir. Sentía que hubiera podido dormir sin interrupción durante doce horas. Pero bien sabía que hasta dentro de, al menos, siete horas eso sería imposible. Esa tarde ya tenía algunos encuentros.
Entre las citas de su agenda para esa tarde, encontró tiempo para confesarse. Se confesó, sin demasiado arrepentimiento, de haber pecado ese día con la lengua contra la caridad. Henry logró (no sin esfuerzo) excitar en él un justo dolor por la falta cometida. Más arduo le resultó tener pensamientos caritativos hacia aquella mujer. Lo que nunca sabría Henry, es que lo que el le había dicho a la mujer en el avión, ella lo contaría con rabia varias veces a todas sus amistades y familiares que quisieron escucharla en los dos años siguientes.
- ¡¡Te llamó bruja!!
- Sí, sí, como lo oyes.
- ¿¿Y urraca??
- Con todas sus letras. Qué marrano.
Lo contó, entre cigarrillo y cigarrillo, en el sofá de su salón, en la cafetería, en una fiesta y en la peluquería. Al menos, mantenía una notable fidelidad histórica, sin enriquecerlo con nuevos detalles. El Cardenal Williams desconocía la desabrida llamita de rencor que aquella vestal de la ordinariez mantenía viva. Tampoco se enteraría nunca de que dos años después, una nuera de la mujer que escuchaba la historia, le dijo a ella que el cardenal se había quedado corto, que ella era peor que una bruja y que una urraca. Las palabras le provocaron ira y rabia en ese momento, pero lloros por la noche. Y ese llanto y ese dolor iniciaron un proceso de revisión de toda su vida. El proceso duró medio año y acabó con la vieja urraca convertida en una fiel y generosa colaboradora de las monjas de la Madre Teresa de Calcuta. Pero ésa es otra historia. Una historia que ni sus dos anteriores maridos ni el Cardenal Henry Williams, sabrían nunca.>>